Fashion Revolution se reafirma después de tres años

No era la primera vez que sucedía algo así. Sin embargo, sí fue la primera que miramos lo que sucedía con los ojos de quién quiere combatir la injusticia. El 24 de abril de 2013, una fábrica de ocho pisos situada en Daca, la capital de Bangladesh, se derrumbó. El Rana Plaza, que así se llamaba, no sólo estaba construido con materiales de calidad cuestionable, sino que no disponía de las medidas de seguridad adecuadas. Su colapso ocasionó la muerte a más de mil personas y dejó heridas a casi 2500. El lamentable suceso detonó un movimiento internacional: el Fashion Revolution.

Entre las inestables paredes del Rana Plaza, se cosían prendas para marcas como Inditex, Mango o Primark. Aún así, el incidente dirigió las miradas a todas las empresas fast fashion que, a pesar de no estar implicadas en este caso, perpetuaban prácticas similares. El Fashion Revolution nació en Reino Unido, fundado por las diseñadoras Orsola de Castro y Carry Somers, con una doble intención.

Fashion Revolution Day de 2015 en Barcelona.

Por una parte, deseaban que las víctimas no cayeran en el olvido. No con una mentalidad fustigadora, sino por solidaridad con las personas que siguen sufriendo esos abusos. Además, su objetivo es difundir las características de este sistema perverso y las alternativas que se ofrecen desde la moda sostenible.

La magia, si me permitís, de Fashion Revolution es que ha conseguido despertar simpatías en todo el mundo. Se han creado réplicas en otros países y regiones. Algunas de ellas cuentan con el respaldo oficial de la organización central. Otras nacen de grupos espontáneos que, contagiados por el espíritu reivindicativo, proponen actividades dentro del mismo marco.

La dinámica consiste en que cada 24 de abril se realizan actividades relacionadas con la moda sostenible. Hay quienes extienden la convocatoria a lo largo de la semana. También algunos colectivos proponen acciones esparcidas a lo largo del año, aunque con la misma referencia.

Aperitivo de la performance prevista para el Fashion Revolution Day de Sevilla.

Este año, Retahíla estará presente en la propuesta de Sevilla. A las 10h empezarán las conferencias en el Palacio de los Marqueses de la Algaba, y a las 12:30h llegará el turno de una performance muy especial. Se ha reunido a varias marcas andaluzas con el objetivo de que confeccionen una pieza textil inspirada en sus diseños. Al final de la mañana, sobre las 14h, se fusionarán todas las partes en un único tapiz. La acción artística recoge una de las metáforas del Fashion Revolution: se puede conseguir mucho más si elegimos colaborar en vez de competir. El resultado será con seguridad más disperso que si lo realizase una única persona, pero en la diversidad está la riqueza.

Fashion Revolution revoluciona las redes sociales

Desde hace ya varias semanas, las redes sociales rebosan de interacciones con los hashtags oficiales de la convocatoria: #WhoMadeMyClothes o #QuienHizoMiRopa para quienes consumen y #IMadeYourClothes o #YoHiceTuRopa para quienes diseñan, producen y/o distribuyen. También existe el genérico #FashionRevolution o #FashionRevolutionDay.

En 2014 se popularizó el concepto #InsideOut (“del revés” en español), que invita a dar la vuelta a una prenda y fotografiarse con ella, mostrando la etiqueta. Al compartirla en Internet, debía mencionarse a la marca que figuraba y preguntarle quién estaba tras su producción. La meta era (y es) obtener una respuesta. El #YoHiceTuRopa funciona como un método para poner en valor a quienes lo hacen de forma sostenible.

No sólo te invito a unirte a preguntar a las marcas quién hizo la ropa que utilizas, sino a que indagues qué actividades se hacen en tu ciudad ese día. Y si estás en Sevilla, ¡por supuesto no te puedes perder su Fashion Revolution Day!

Imagen destacada: Fashion Revolution
Imágenes: Laura Rockbell.




Reutilizar es la opción más sostenible

Seis millones de toneladas es la cantidad de textil que se desecha cada año sólo en Europa según datos de 2015, ofrecidos por El País. La gran mayoría de estas piezas han sido desechadas sin haber exprimido su uso, esto es, sin amortizar los recursos invertidos durante su producción. Reutilizar estos residuos prematuros es una de las opciones más adecuadas para evitar el despilfarro y sus consecuencias.

El planteamiento predominante es el lineal. Consiste en concebir un producto cuya vida tiene un principio y un final. El problema es que el concepto se asienta sobre la falacia de que existe un final. Cuando nos deshacemos de una camiseta, por ejemplo, ésta no se volatiliza, sino que inicia un proceso de descomposición. Si la fibra de la que está fabricada es sintética (derivada del petróleo), la desaparición no es posible. Aún siendo natural, el periodo de degradación puede repercutir negativamente sobre el medio ambiente y, por ende, sobre las personas.

La alternativa es la economía circular. Aboga por reiniciar el ciclo de vida del producto cada vez que éste se acerca a su fin. Si hablamos de reutilizar, un ejemplo de economía circular sería que cuando una persona se deshace de una prenda, otra continúe usándola.

Estrenar lo usado

Las dinámicas de consumo nos han acostumbrado a la búsqueda de la novedad. Probablemente, sea el principal motivo por el que se desechan artículo en perfecto estado. Una camiseta que nos parecía maravillosa al adquirirla deja de serlo tras dos usos porque ya nos hemos acostumbrado a ella.

Reutilizar tiene el mismo efecto psicológico que comprar algo nuevo, sin contribuir al aumento de residuos textiles.

Reutilizar el impacto

La segunda mano ofrece la posibilidad de reutilizar un objeto tangible, como puede ser una blusa, pero también se hace con los recursos. Para fabricar esa blusa ha sido necesaria agua, electricidad, manos trabajadoras, etc. Escogiendo prendas usadas, contribuimos a poner en valor todo lo invertido durante la producción.

Acceder con facilidad

Hace una década resultaba más complicado comprar ropa de segunda mano. Ahora, prácticamente cada ciudad española dispone de una tienda con estos productos. A ello se añade el éxito de iniciativas virtuales como Wallapop o Chicfy.

El acceso no sólo es fácil por la creciente presencia de esta oferta, sino porque en términos generales es más económica que la ropa nueva. De hecho, no sólo es más barato, sino que puede ser incluso gratis. Reutilizar es un hábito que lleva practicándose desde siempre: ¿Qué significa vestirse con ropa heredada sino eso?

Antes de lanzarnos a comprar, deberíamos desbancar los prejuicios que tengamos hacia la segunda mano y dejarnos seducir por sus ventajas y posibilidades.

Imagen destacada: Pixabay.com




DIY: el retorno de lo “hecho a mano”

DIY son tres siglas que encierran una cultura. El “Do It Yourself” (“Hazlo tú mismo” en español) nace de un movimiento social relacionado con el anti consumismo, que aboga por huir de tener que comprarlo todo. En cierto modo, es una vuelta al handmade, a las cosas hechas en casa de manera artesanal, algo que ha existido toda la vida sólo que desde hace unos años recibe ese nombre.

Las crisis económicas mundiales, acaecidas a partir del año 2008 aproximadamente, han hecho que el DIY se expanda de forma masiva. Se opta por la alternativa de construir o elaborar tus propios objetos, aunando el ahorro y la diversión. Es un incentivo a la sostenibilidad, ya que se reciclan, se reutilizan y se reconvierten materiales para conseguir un resultado diferente, o incluso crear algo nuevo.

Un gran punto a favor de esta iniciativa es que se extrapola a diferentes campos. Tanto es así que dentro del DIY se han desarrollado subculturas como el craft, que alude a un tipo de creación más artística, o la cultura maker, que es la faceta más tecnológica e instrumental.

El craft alude a una creación artística y la cultura maker a una faceta tecnológica e instrumental.

El DIY es el retorno de lo analógico, con una particularidad importante: la meca de este movimiento es Internet. A priori, parece un tanto contradictorio, pero de esta forma se ha conseguido mezclar la experiencia de elaborar tus propios objetos con el poder de difusión que tiene la red para llegar a una audiencia gigantesca. Así, existen numerosos blogs y canales de vídeos donde encontrar información sobre DIY de todo tipo:

Dare to DIY. Es un blog cargado de ideas para crear y customizar ropa, complementos y objetos de decoración. Está centrado en la moda.

A Pair and A Spare. La australiana Geneva Vanderzeil inició este blog en 2008 y ofrece proyectos de DIY plasmando tendencias actuales.

Trasteando DIY. Es el blog de Laura Maroto y en él se pueden encontrar ideas sobre moda, accesorios y decoración. Propone interesantes proyectos DIY para los más pequeños de la casa.

Reciclado Creativo. Rosa Montesa muestra en su blog un montón de propuestas para crear y personalizar objetos reciclando.

Imagen: Cristi Cárdenas




El impacto posconsumo también deja huella

Cuando deseamos valorar el grado de sostenibilidad de una prenda, lo habitual es preguntarnos sobre si el tejido ha sido cultivado o procesado utilizando productos químicos, si es biodegradable, si se ha fabricado en condiciones de trabajo dignas. ¿Dónde entra en juego lo que sucede durante el posconsumo?

El posconsumo se refiere al periodo de tiempo que sucede desde que se adquiere el producto hasta que éste desaparece, no hasta que la persona que lo compró en primer lugar se deshace de él. El informarnos para escoger una prenda u otra resulta esencial, pero también lo es hacerlo sobre cómo cuidarla y mantenerla mientras sea nuestra responsabilidad.

Limpieza: ¿Lavadora, secadora, plancha?

Los electrodomésticos que utilizamos para limpiar la ropa utilizan electricidad y agua. La electricidad siempre conlleva, en mayor o menor medida, un impacto medioambiental. Si procede de la quema de combustibles fósiles, no sólo depende de una materia prima finita, sino que durante el proceso emite altos niveles de dióxido de carbono. Si se origina a partir de energía nuclear, también contribuye a la contaminación, principalmente por los residuos radiactivos. El agua también es limitada, de manera que reducir y optimizar su uso se hace indispensable.

Para ser responsables durante el posconsumo, lo recomendable es:

  1. Poner lavadoras únicamente cuando estén llenas y llenarlas sólo con ropa que necesite ser lavada tras su uso. A menudo, lo hacemos con prendas que han perdido el olor al detergente y psicológicamente nos parece que están sucias. Como solución, podemos airearlas, tendiéndolas sin necesidad de haberlas mojado previamente, o colocar bolsitas con jabones o con hierbas aromáticas (lavanda, romero, jazmín) dentro de los armarios.
  2. Utilizar detergentes respetuosos con el medio ambiente. Hay una amplia variedad de opciones ecológicas y otras tantas que se pueden fabricar en casa.
  3. Atender a las instrucciones de lavado que incluyan las prendas, así alargaremos su vida útil.
  4. Evitar el uso de la secadora y tender la ropa al sol. Especialmente en el sur de España, este electrodoméstico resulta innecesario.
  5. Concentrar la tarea de planchado, evitando así que el consumo eléctrico se dispare enchufando la plancha cada dos por tres.

Estos factores para tener en cuenta durante el posconsumo, pueden ser también unos que considerar a la hora de escoger la ropa. Por ejemplo, si seleccionamos tejidos naturales y transpirables, será más difícil que atrapen malos olores, de modo que podremos reducir el número de lavados.

Renovación: Si no lo quieres, ¡pásalo!

A veces tenemos en el armario prendas en perfecto estado pero no las usamos por cualquier motivo. En ese caso, hay muchas opciones para alargar su vida más allá de tirarlas al contenedor. Regalarlas, intercambiarlas, donarlas o venderlas son sólo algunas de las posibilidades que pueden tener.

Reutilización: Nuevos usos, nuevas vidas

Cuando se acerca el final del posconsumo, aún hay formas de exprimir el uso de las prendas. Desde convertirla en trapos que ayuden a la limpieza del hogar, hasta cortarla en cuadrados para confeccionar una manta al puro estilo patchwork. Si estamos aprendiendo a coser, la ropa vieja es una opción estupenda para empezar a probar, en vez de comprar piezas de tela nuevas.

Despedida: No es un adiós, es un hasta luego

La producción hegemónica es la lineal, basada en la creación de un bien que se desecha y, a menudo, se convierte en un residuo sin gestionar que suele ocasionar perjuicios sobre el medioambiente y las personas. La meta para un tratamiento responsable del final del posconsumo es transformarla en circular. Se trata de convertir el desecho en el inicio de algo nuevo.

Para contribuir a esta forma de economía productiva, podemos asegurarnos de que las prendas que adquirimos estén fabricadas con tejidos biodegradables o comprobar que en su concepción se hayan programado nuevos usos para ellas una vez terminada su vida útil.

Imágenes: Morguefile.com




La explotación de la novedad ficticia

La obsolescencia programada condena a los objetos a perecer en un momento dado, habitualmente anterior al máximo de vida útil que podrían llegar a alcanzar. Solemos vincularla con la electrónica, pero no es la única afectada. Los productos de moda también tienen una fecha de caducidad pactada, no tanto por la resistencia de sus materiales como por el valor de la tendencia, de la novedad.

¿Cómo justificar la compra de algo innecesario si no es presentándolo como nuevo, diferente? Para generar beneficios, es imprescindible vender, y para vender si no existe necesidad, hay que crearla. Aquí entran en juego las campañas publicitarias, que elevan las pequeñas variaciones a novedad estética. Parecemos no estar nunca “al día”, sino en el camino condenado de lo “de modé”.

Al entrar en ese círculo vicioso, de compras incesantes de ítems eludibles, de espirales de insatisfacción, se pierden de vista algunos aspectos que sería interesante recordar.

La brevedad de las temporadas

La novedad parece obedecer a las estaciones. Este razonamiento sigue cierta lógica, la de adecuarse a la temperatura propia de cada momento, pero también tiene sus lagunas. Las nuevas temporadas se presentan en todo el mundo simultáneamente, las grandes pasarelas son globales desde hace ya mucho. ¿Acaso se pasa el mismo frío en Madrid que en Moscú?

Dejando atrás este aspecto tambaleante, cabría preguntarse si con tantas temporadas al año (Primavera-Verano, Otoño-Invierno, Pre-Fall, Resort) existen márgenes para la creación de algo, ya no nuevo, sino válido. Eso considerando la frecuencia de las propuestas de las grandes firmas, que en las marcas fast fashion se dispara.

La pérdida de memoria

¿Por qué no echamos la vista atrás para comprobar si la novedad es genuina? No se requiere un repaso de décadas, sólo con remontarse unos meses se observan las similitudes entre productos “diferentes”.

Nos encontramos conduciendo en una autopista sin salidas. Sólo parece posible continuar hacia adelante a ciento veinte kilómetros por hora. Sin reducir la velocidad, resulta muy difícil ver los caminos de tierra que, aunque aún no estén asfaltados, pueden ser una mejor opción que seguir al volante, consumiendo combustible y sin rumbo.

La falta de originalidad

La tendencia actual a lo retro es innegable. Volvemos, por ejemplo, a los años 80, considerando que ahí podemos encontrar la novedad que no somos capaces de crear ahora. “En los años 80 se imitan los hombros grandes abullonados de la Época Victoriana”, cuenta la estilista Belén Màssia, quien señala el cuello alto, el de babero, la cintura ceñida y el estampado tapicero como otros elementos victorianos que inspiraron a la “original” década. “Una lazada finita, rodeando el cuello, es típica de la Época Eduardiana y de los años 80”, añade Màssia.

Esto no quiere decir que hayamos perdido la creatividad. Nada es completamente original, todo se inspira en algo que ya existe, aunque a veces ni siquiera corresponda al mismo campo de creación. Aún así, se hace necesaria una llamada a la honestidad. La toma de conciencia sobre esta realidad, la hegemonía de la inspiración, debería orientarnos a descalificar todas las supuestas y rompedoras novedades.

La solución para evitar ser cómplice del vórtice no es ninguna pócima mágica. Inclinarse por reflexionar antes de las compras, analizar los productos y compararlos con lo que ya tenemos, con lo que ya existe, es probablemente la mejor opción.

A veces los caminos de tierra tienen baches, son incómodos de transitar, pero si nadie pasa por ellos, acaban por olvidarse y nunca llegan a acondicionarse para los vehículos del cambio.

Imágenes: Morguefile.com




3 ideas para vestir con consciencia en Navidad

En Navidad no sólo se invierte dinero en los regalos y la comida, sino que es habitual adquirir alguna prenda para las numerosas reuniones especiales que se celebran durante esta festividad. Las lentejuelas y los tejidos metalizados son quizá las ideas para vestir más recurrentes. Sí, dan un aire muy alegre y elegante, pero precisamente por lo llamativos que resultan, se utilizan sólo en una ocasión y después se abandonan en un rincón del armario, ya sea porque son difíciles de combinar o porque nos da nosequé repetir modelito.

Por eso, antes de comprar una prenda navideña tenemos que preguntarnos si le daremos uso después de las fiestas y responder con la mayor honestidad posible. Que la contestación sea negativa, no supone renunciar a un look festivo, sino tomar caminos diferentes a la ruta convencional.

Imagen: The Closet

Alquila

En España existen iniciativas como Ropateca (Barcelona) o The Closet (Madrid) en las que podemos disponer de un armario muy estimulante gracias al pago de una cuota. De esta forma, evitamos gastar dinero en algo que no vamos a usar más de una vez y ahorramos espacio en casa.

¿Por qué poseer objetos cuando podemos disfrutarlos sin que sean de nuestra propiedad?

No sólo resulta útil para estas fiestas, sino para cualquier evento especial o para personas que se aburran fácilmente de la ropa y les guste cambiar a menudo. ¿Por qué poseer objetos cuando podemos disfrutarlos sin que sean de nuestra propiedad?

Intercambia

Si no queremos vestir la misma prenda que el año anterior, podemos organizar una reunión en la que cada persona lleve piezas que, aunque estén en buen estado, no quiera volver a ponerse. Así, cada asistente puede lucir algo nuevo, ahorrando dinero y reduciendo su huella ecológica. Además de que puede ser una excusa perfecta para pasar una tarde divertida y en buena compañía.

Reinterpreta

¡Tenemos mucha ropa! Antes de comprar, alquilar o intercambiar, deberíamos analizar en profundidad lo que ya hay en nuestro armario. Podemos animarnos con un DIY que nos ayude a revivir alguna prenda que no usemos o, simplemente, probar combinaciones nuevas en las que no hayamos caído antes por las prisas con las que solemos vestirnos.

 Extra: Respeta

Por muchas ideas para vestir que tengamos, el concepto estético debe ir de la mano de la comodidad. Esto es no disfrazarse, obviando nuestra personalidad, y evitar la ropa y el calzado que nos pueda hacer daño -tacones, pantalones muy ajustados- o provocarnos un resfriado -minivestidos, tejidos finos. ¡Convirtamos aquello que vistamos en el acompañante perfecto para las fiestas, no en un obstáculo!

Si, a pesar de todo, deseamos comprar algo concreto, lo ideal en términos de sostenibilidad es hacerlo en tiendas específicas, como Moves to SlowI feel dress o Verde Moscú (¡entre otras muchas!), o de segunda mano.




3 claves para hacer regalos más sostenibles

Las fiestas navideñas son sinónimo de reuniones y reencuentros familiares, de grandes banquetes caseros, y de regalos. Hay quienes escogen el 24 de diciembre de Papá Noel, mientras otros se decantan por los tradicionales Reyes Magos del 6 de enero, o, incluso, a veces se animan con ambos días para intercambiar los regalos de Navidad. En esta época, en la que el consumo parece disfrutar de barra libre, incitado por una cuestionable exaltación de la generosidad, debemos tener más presente que nunca qué es lo que compramos.

Probablemente, se debe comenzar por reflexionar sobre los motivos por lo que se decide regalar o no: ¿deseo propio u obligación externa? Cuando se compra por compromiso, por quedar bien, por inercia, es más fácil hacer malas elecciones. Es cierto que la razón en sí de regalar no es tanto su utilidad como que haga ilusión, hacerlo y recibirlo. Quizá un primer buen propósito para este 2017 sea regalar sólo a quienes queramos, así será más fácil acertar.

Partiendo de esta base, hay tres sencillas claves que se pueden seguir para que los regalos que hagamos estas Navidades sean más sostenibles y, a veces, incluso más amigables con nuestros bolsillos.

Menos es más: Amigo invisible

Imagina que dispones de un presupuesto de 200€ para comprar los regalos de, supongamos, diez personas. Si quieres hacer un reparto igualitario, destinarías 20€ para cada una, precio por el que se pueden adquirir pocas cosas de verdadera calidad. ¿Y si en vez de repartir todo tu caudal entre tus seres queridos lo concentraras sólo en uno de ellos?

Una ocasión estupenda para reflexionar sobre si es preferible la cantidad o la calidad.

El clásico “amigo invisible” es una opción muy buena para que nadie se quede sin regalo. No sólo eso, sino que los obsequios que se reciban serán de mayor categoría. Se trata de una ocasión estupenda para reflexionar sobre si es preferible la cantidad o la calidad, si es deseable recibir diez regalos que quizá no tengamos tiempo de usar en vez de uno solo.

Hazlo personal: Manualidades

A menudo visualizamos los regalos manuales como una pequeña chapuza hecha para salir del paso, pero no es el enfoque para esta recomendación. La idea es probar o recrear algún DIY que pueda entusiasmar a la persona destinataria y esforzarse al máximo, disfrutando del proceso e insistiendo hasta que el resultado sea satisfactorio.

Los regalos manuales exigen una gran dedicación por parte de quien los entrega, mayor que la que supone ir a una tienda y sacar la tarjeta de crédito. De esta forma, no sólo regalamos un detalle, sino nuestro tiempo y nuestro cariño que, aunque son valores intangibles, son los que aportan la verdadera magia a los objetos.

Marca la diferencia: Experiencias

Vivimos en una época en la que no nos hace falta nada. Tenemos todo lo que necesitamos, de modo que regalar más cosas sólo engrosa nuestra lista de posesiones, nos quita espacio en casa, y provoca que no valoremos tanto lo que ya tenemos por rodearnos de una abundancia tan absurda.

Un billete de avión, un vale por una cena o un masaje, un ticket para probar una clase de yoga o una reserva para una visita guiada por un museo pueden ser regalos estupendos. Se disfrutan, se terminan, se archivan en el recuerdo, y suelen aportar más a nivel personal que cualquier opción material.

Imágenes: Morguefile.com




La insoportable levedad del consumo navideño

Las luces de colores ya revisten las calles, entremezcladas con el mobiliario urbano. Las tiendas pequeñas y, sobre todo, las grandes han desplegado todo su arsenal de promociones. En la televisión ya se pueden ver esos spots de perfumes ambientados en mundos ideales en los que salen modelos que pretenden encarnar la trascendencia al son de alguna canción intensa y moderna (o posmoderna, si la canción es vintage). También abundan los anuncios que apelan a la unión familiar y a los deseos de prosperidad.

Son las tres señales que anticipan la llegada de la Navidad, una fiesta cuyo espíritu consumista contrasta con la austeridad que predicaban sus orígenes religiosos. La Navidad está programada para sucumbir al consumo desenfrenado, bulímico, e incluso irreflexivo. Que el Black Friday esté fechado la última semana de noviembre no es fruto de la casualidad. Durante ese “viernes negro” que dura una semana, la maquinaria consumista mueve sus engranajes al calor de supuestas rebajas que se venden como notablemente rentables y ventajosas al cliente caprichoso. El sentido utilitario de lo que se compra es lo de menos, lo importante es tener, poseer, y salir ganando en la transacción, la ingenua ilusión de ocupar una posición dominante frente a los grandes almacenes.

Revista Retahila - Consumo, Navidad

El consumo navideño suele presentar tres líneas de acción principales: la industria del juguete, la de la alimentación, y la de la cosmética. Las tres se han consolidado por el peso de la tradición (Papá Noel, Reyes Magos, y también banquetes protocolarios varios), pero la tercera de ellas, la cosmética, también está enraizada con los bienintencionados propósitos de año nuevo.

El ritual de la Nochevieja se basa en la purificación de todos los malestares acumulados durante el año saliente para iniciar una nueva etapa vital próspera, plena y satisfactoria. Uno de los propósitos de enmienda más recurrentes alude a la propia vanidad, al culto al cuerpo, y al deseo de ser más bello. Hacer ejercicio con regularidad, planificar con tiempo y dedicación la operación bikini, y cuidar la dieta son algunos de los mantras que vertebran este objetivo de año nuevo. Es decir, justo lo opuesto al sedentarismo y los excesos que profesa la Navidad idílica que publicitan los grandes almacenes y las marcas.

Uno de los propósitos más recurrentes alude a la propia vanidad, al culto al cuerpo, y al deseo de ser más bello.

En realidad, esa aparente contradicción mantiene el necesario equilibrio que hace que la rueda de producción se mantenga activa, porque implica encadenar necesidades complementarias. Así pues, cuanto más copioso sea el banquete navideño, cuantos más productos de Navidad se haya consumido, tanto mayor será la necesidad y el empeño por adelgazar, y de ahí a participar de la industria del régimen draconiano a base de diuréticos y hambre sólo separan los días que resten para llegar al 6 de enero.

La elasticidad de nuestros cuerpos, su capacidad de ensanchar y enflaquecer, queda sometida y capitalizada por todo un sistema industrial que crea necesidades cuya satisfacción genera otras necesidades en una espiral de desequilibrios que se retroalimenta de forma cíclica. Todo sea por alcanzar un espejismo de lo que entendemos que debe ser la plenitud, motor de una felicidad mal entendida, y a menudo motivo de frustraciones de gran rentabilidad comercial.

Imágenes: Morguefile.com




5 cosas que Inditex me enseñó sobre sostenibilidad

Ya se ha cumplido casi un mes desde que se celebró el Humana Day en Sevilla. Rafael Mas, responsable de proyectos y comunicación de la ONG, participó en una mesa redonda incluida dentro de una jornada propuesta por el grupo Joly: Sostenibilidad y reciclaje como alternativas para la integración social y laboral. Su intervención fue el aperitivo de una entrega de premios que aconteció la misma noche en el Casino de la Exposición.

No he esperado un mes para contar sobre qué se habló esa mañana, sino para procesar la presencia protagonista de Antonio Álvarez, director de sostenibilidad ambiental de Inditex, quien inauguró la jornada relatando la estrategia del grupo. El hecho de que Álvarez estuviese allí me generaba ciertas dudas. En términos de contenido, poco tenía que aportar en comparación con lo que otras empresas han indagado en sostenibilidad. En lo relativo a las formas, es evidente que se trataba de una gran corporación colaborando con otra, esto es Inditex con Joly, una ofreciendo escaparate y otra patrocinio.

La aportación de Álvarez no sólo resultó superficial, sino que desarrolló conceptos y valores referentes a la sostenibilidad de forma muy vaga, a veces incluso errónea. Su exposición terminó en seco, sin turno de preguntas: un ejercicio de comunicación unidireccional en un contexto que suele caracterizarse por el diálogo. Aunque releyendo sus palabras, es compresible que no quisiera abrirse esa posibilidad.

Imagen: Inditex.com
Imagen: Inditex.com

“Siempre tiene que costar menos”

La visión de Inditex sobre la sostenibilidad parecía apuntar en todo momento más a un abaratamiento de costes que a una preocupación social o ambiental. Álvarez comentaba cómo la gestión responsable del agua o la energía convierte la producción en un proceso más rentable. Se hacía alusión a la competitividad feroz, a la necesidad de ofrecer un precio mejor para que el consumo les escogiera sobre otras opciones. Algo que no sólo consiguen, sino por lo que se enorgullecen.

¿Cómo es posible reducir costes asumiendo políticas de control más rígidas?

A este respecto, surgen varios interrogantes, aunque tal vez el más ineludible sea “¿Cómo es posible reducir costes asumiendo políticas de control más rígidas?”. Quizá la respuesta sea que sus esfuerzos se centran, precisamente, en aquellas medidas que les acercan a la sostenibilidad sin implicar una inversión económica. Se decantan por optimizar el uso del agua y la energía o por su proyecto Fin de Vida (contenedores para depositar prendas que ya no se utilizan con el objetivo de reciclarlas), pero no se adentran en cambios estructurales, que son los que realmente supondrían la diferencia y, también, un desembolso económico superior que poca relación tendría con “costar menos”.

Revista Retahila - Reciclar, Reutilizar, Recudir
“Distribuimos ropa cada dos semanas a todo el mundo”

Es indiscutible que no hay necesidad de comprar algo nuevo cada dos semanas. El director de Inditex hablaba de la importancia de crear la novedad o, dicho de otro modo, generar un estímulo que incite al consumo.

Quizá el problema principal de la intervención de Antonio Álvarez fue, además, el mismo que el de la jornada al completo: insistir en la importancia de enlazar el “fin de la vida” de un producto con el inicio de otro, en lugar de cuestionar la producción masiva en sí misma. Por mucho que se reutilice y se recicle, si no se reduce no habrá espacio ni tiempo para dar salida a tanto como se fabrica. Y se hace evidente que esa renovación cada dos semanas perpetúa ese modelo.

“Es importante ser bueno, mostrarlo y parecerlo”

La comunicación y el marketing son herramientas útiles y necesarias para cualquier marca que se precie. No hay que olvidar que un buen uso de ellas reside en ser representativas de lo que realmente se hace, es decir, en comunicar con honestidad. La coherencia peligra cuando, en ocasiones como ésta, Inditex presenta un discurso inconexo.

Dicen preocuparse por el medio ambiente, pero no lo mencionan más que para repetir esa afirmación, es decir, no lo incorporan de forma transversal en su planteamiento, ejercicio que sí hacen con el beneficio económico.

En este caso, como otros tantos, valen más las acciones que las palabras, y por mucho trabajo de marketing que haya… Si las bases no son sólidas, es muy fácil que el razonamiento se derrumbe.

Imagen: Inditex.com
Imagen: Inditex.com

“Si acabamos con los recursos, va a ser muy difícil seguir con los modelos de negocio”

El optimismo de Inditex resulta admirable: sin recursos no es que vaya a ser difícil seguir produciendo, es que va a ser imposible. Se fabrica a un ritmo que supera la capacidad de regeneración de la naturaleza, de modo que el problema de base no está en qué hacemos con los residuos -lo que no resta importancia a la cuestión, por supuesto-, sino en la necesidad de disminuir la producción.

“El petróleo también viene de la naturaleza”, añadía Antonio Álvarez, justificando así el uso de fibras como el poliéster. Ampliando las miras, se puede apreciar como el objetivo que dicen tener, reducir residuos, no encaja con esta afirmación: las fibras procedentes del petróleo no son biodegradables, de modo que la única forma de introducirlas de nuevo en el ciclo es a través de un proceso industrial que, nuevamente, genera un impacto. Un impacto que, en teoría, Inditex pretende restringir.

“Tenemos que cambiar a una visión holística del proceso”

En esto estamos de acuerdo. Para que una empresa sea verdaderamente sostenible, ha de incorporar las estrategias a lo largo de toda su estructura, no limitarse a píldoras en puntos aislados. Y precisamente es en esto donde falla Inditex. Una “visión holística”, como decía Álvarez, tendría en consideración bajar los ritmos de producción, investigar materias primas con menor impacto, prestar atención a las personas involucradas,… Y otros tantos factores que no se mencionaron.

Revista Retahila - Downcycling, Recycling, Upcycling
Extra: ¿Qué es el upcycling?

Antonio Álvarez definía el upcycling como aquello que se hace con los restos de corte y confección cuando se destinan a relleno de automóviles. Como decir que la alta cocina es la que sale del congelador y se cuece en el microondas. El representante de Inditex englobó en un solo concepto lo que, de hecho, se separa en tres.

El ejemplo que exponía Álvarez es, en realidad, un caso de downcycling. Se trata de un proceso que reduce el valor de la materia prima, es decir, que le da un uso que no exprime el potencial de los recursos que se han invertido en su producción. La manera de pasar al recycling o reciclaje, sería utilizar esos retales de tela para formar parte de otra prenda, por ejemplo. Es el upcycling el sistema que aporta valor mediante el aprovechamiento de los recursos. Tiene el potencial, a través de habilidades técnicas y creatividad, de transformar unos vaqueros gastados y una camisa de cuadros en un vestido de diseño, entre otras cosas.

Tras su exposición, no podía evitar preguntarme, incrédula, “¿Ésta es la persona designada para gestionar la estrategia de sostenibilidad de una macroempresa global como es Inditex?“. No se trata de culpar a Álvarez quien, seguro, representa fielmente los valores del grupo, sino de reflexionar acerca de la importancia que se le atribuye a la sostenibilidad  en Inditex cuando, entre los responsables, figura un director que no distingue conceptos y sigue priorizando el beneficio económico sobre la materia que él coordina.

Imagen destacada: Morguefile.com




El “efecto Zellweger”: juventud de quirófano

Año 1960. En plena eclosión de la Nouvelle Vague francesa, George Franju estrenó Los ojos sin rostro, un relato con aires de cuento gótico en el que un cirujano tan brillante como perturbado rapta a mujeres jóvenes a las que arranca la piel para reconstruir el rostro de su hija, desfigurado por un accidente. La máscara que cubre la cara de la chica sólo deja visibles sus grandes ojos, que son su único resquicio para huir de la locura que la acecha. Ella es la mayor creación científica de su progenitor, un inquietante testamento clínico que deja como legado la búsqueda obsesiva de la recuperación y conservación de la belleza.

Pese a la aparente generosidad de la devota empresa del cirujano, la joven acepta la ayuda con más resignación que esperanzas, forzada a asumir el rechazo de sí misma a la espera de un nuevo rostro que sea digno de ser mostrado. Algo similar le sucede a las actrices de Hollywood.

Envejecer ha condenado al ostracismo laboral a actrices que en el pasado fueron iconos de la industria.

La meca del cine vive sumida en el delirio por los elixires de eterna juventud, el embalsamamiento de la lozanía adolescente, y en definitiva la negación del paso del tiempo. Envejecer ha condenado al ostracismo laboral a actrices que en el pasado fueron iconos de la industria. Sin embargo, un exceso de retoques estéticos no sólo les depara la misma infortuna profesional, sino que también las convierte en diana de todo tipo de críticas destructivas, especialmente a través de las redes sociales.

Revista Retahila - Zellweger
Renée Zellweger.

Quizá el caso más sangrante sea el de Renée Zellweger. Tras varias y visibles operaciones de estética que la mantuvieron apartada del cine durante unos años, Zellweger reapareció en público en 2014 con un rostro que a muchos costó identificar con el recuerdo que tenían de aquella actriz mofletuda y cándida con un cierto aire a Doris Day. Sus ojos parecían algo más hundidos, y su piel no estaba tan tersa. Las hordas de comentarios en Twitter dieron lugar al concepto “efecto Zellweger”. A partir de ese momento, todas las actrices maduras que manifestasen síntomas de cambio físico sospechoso en alguna aparición pública quedaban sometidas bajo el escrutinio de la implacable opinión pública, que enseguida establecía comparaciones con Zellweger.

Uno de los casos más sonados de “efecto Zellweger” lo protagonizó Uma Thurman. En una de sus apariciones públicas en el año 2015, la mítica actriz de Kill Bill lucía una fisonomía sensiblemente distinta a la habitual. Suficiente para disparar toda clase de alarmas. Tras la avalancha de críticas en los medios y en las redes sociales, la actriz reapareció, con la cara que todos recordaban y echaban de menos, en un programa de televisión estadounidense. Según Thurman, la razón de aquel cambio de imagen no era otra que un juego de maquillaje con el que pretendía dar profundidad a su mirada. Pero ya era tarde. Titulares en medios de comunicación de todo tipo, críticas lamentables y lamentos varios conformaron toda una corriente de opinión a modo de espejo aún más deformante que el supuesto arreglo estético.

Uma Thurman.
Uma Thurman.

El argumento más repetido entre quienes criticaron tanto a Zellweger como a Thurman es que tras su presunto paso por el quirófano habían dejado de ser aquellas mujeres que nos deslumbraron en la pantalla grande hacía quince años. Es incongruente cuestionar la capacidad de las actrices de asumir el paso del tiempo tomando el pasado como referencia, máxime si analizamos los casos mencionados. Lo de Uma Thurman era cuestión de maquillaje, pero la transformación física de Renée Zellweger forma parte de un proceso de acostumbramiento a envejecer que ella misma ha reconocido públicamente. Quizá los que aún no se han acostumbrado a que el tiempo también pasa para los ídolos sean quienes critican sin piedad, sin filtro, sin idea.

Imagen destacada: Morguefile.com
Imágenes del post: Wikimedia.org